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Medicina
27/1/2026

Asma, ejercicio y obesidad: guía, riesgos y evidencia científica

Hacer ejercicio con asma es posible y, de hecho, suele estar recomendado. Aun así, la actividad física genera muchas dudas en personas con asma: si el ejercicio puede empeorar los síntomas, qué tipos de entrenamiento son más seguros o cómo adaptar la práctica a cada situación. En esta guía repasamos qué dice la evidencia científica sobre el ejercicio en personas con asma, la relación entre asma y obesidad, cómo la pérdida de peso puede influir en el control del asma y de qué forma entrenar de manera segura y adaptada.

Asma y obesidad

La prevalencia de la obesidad y el asma ha aumentado de forma paralela en las últimas décadas y supone un reto de salud pública interrelacionado. La obesidad aumenta el riesgo de desarrollar asma y a menudo se asocia a una enfermedad más difícil de controlar, con cambios en la mecánica pulmonar, inflamación de bajo grado y una peor respuesta al tratamiento.Los estudios sugieren que tratamientos médicos modernos, utilizados en diabetes y obesidad, pueden mejorar el control del asma gracias a efectos antiinflamatorios e inmunomoduladores, además de los efectos metabólicos. Esto respalda una visión más sistémica del asma y señala que tratar la disfunción metabólica puede ser una estrategia prometedora en personas con obesidad y asma de difícil control.

Pérdida de peso y asma

Para personas que conviven con obesidad y asma, la pérdida de peso puede tener varios efectos positivos sobre el asma. Al reducirse el peso corporal, se libera carga sobre los pulmones y la caja torácica, lo que puede facilitar la respiración y disminuir la sensación de falta de aire. Al mismo tiempo, se reduce la inflamación de bajo grado en el organismo, lo que potencialmente puede mejorar el control del asma. Muchas personas también notan más energía en el día a día y una mejor respuesta al tratamiento farmacológico del asma.

¿Se puede hacer ejercicio si tienes asma y obesidad?

Sí, en la gran mayoría de los casos las personas con asma y obesidad pueden y deberían ser físicamente activas. La actividad física regular puede mejorar la condición física, la calidad de vida y el control percibido del asma, al mismo tiempo que contribuye a la pérdida de peso y a una mejor salud metabólica. Tener asma no significa evitar el ejercicio, pero tanto el asma como el peso corporal hacen que la actividad física a menudo deba adaptarse de forma individual.

Muchas personas con asma pueden experimentar dificultad para respirar durante el esfuerzo físico, una situación conocida como asma inducida por el ejercicio. Esto no significa que entrenar sea peligroso, sino que las vías respiratorias reaccionan al esfuerzo, sobre todo con intensidades altas, aire frío o seco, o cuando el calentamiento es insuficiente. En el caso de la obesidad, el mayor esfuerzo de los músculos respiratorios también puede hacer que la sensación de falta de aire aparezca antes, incluso con esfuerzos moderados.

Para que el entrenamiento sea seguro y sostenible, es importante empezar de forma progresiva e incrementar la intensidad poco a poco. Actividades de intensidad baja a moderada, como caminar, montar en bicicleta de forma suave, nadar o realizar entrenamientos de fuerza ligeros, suelen tolerarse bien al principio. Un buen calentamiento con un aumento gradual del ritmo puede reducir el riesgo de asma inducida por el ejercicio. El entrenamiento también debe ajustarse al estado del día y es importante hacer pausas cuando sea necesario.

Siempre se recomienda tener a mano el inhalador de acción rápida prescrito durante el ejercicio. Si los síntomas son recurrentes, existe incertidumbre o cuesta empezar, es aconsejable planificar el entrenamiento junto con un médico u otro profesional sanitario.

Con la adaptación adecuada, un buen control del asma y un enfoque progresivo, la actividad física puede convertirse en una parte segura e importante del tratamiento, tanto del asma como de la obesidad y de la salud a largo plazo.

¿Se puede hacer ejercicio si tienes asma?

Sí, las personas con asma pueden y deberían, en la mayoría de los casos, ser físicamente activas. El entrenamiento regular ha demostrado mejorar la condición física, la calidad de vida y el control percibido del asma. Tener asma no implica evitar la actividad física, pero el ejercicio suele necesitar adaptarse a los síntomas, los desencadenantes y el plan de tratamiento de cada persona.

Muchas personas con asma pueden notar dificultad para respirar durante el ejercicio, una situación que también se conoce como asma de esfuerzo o asma inducida por el ejercicio. Esto no significa que entrenar sea peligroso, sino que las vías respiratorias reaccionan al esfuerzo, especialmente con aire frío, intensidades altas o un calentamiento insuficiente.

Se recomienda llevar siempre el inhalador prescrito durante el entrenamiento para poder actuar rápidamente si aparecen síntomas.

¿Qué ocurre en el cuerpo durante el ejercicio?

Cuando una persona con asma hace ejercicio, las vías respiratorias se someten a una mayor carga. Esto ocurre especialmente durante la actividad física en aire frío o seco, o cuando se respira por la boca en lugar de por la nariz. En estas situaciones, las vías respiratorias pueden irritarse y contraerse, lo que dificulta la respiración. En personas con asma, esto suele provocar síntomas como tos, silbidos al respirar y sensación de que el aire no llega bien a los pulmones.

Aun así, la actividad física regular es beneficiosa para las personas con asma, ya que puede mejorar la condición física, la eficiencia respiratoria y la tolerancia al esfuerzo. Con el tiempo, esto puede reducir las molestias y facilitar la respiración incluso con cargas mayores. Es importante prestar atención a las señales del cuerpo y adaptar el entrenamiento al estado del día, pero mantenerse activo puede marcar una gran diferencia en la condición física y la calidad de vida a largo plazo.

¿Cómo influye el ejercicio en el asma?

La actividad física no modifica la enfermedad de base, pero sí puede mejorar la capacidad del cuerpo para manejar el esfuerzo. El ejercicio fortalece el corazón y los pulmones, mejora la captación de oxígeno y puede reducir la sensación de falta de aire en la vida diaria. Para muchas personas, esto se traduce en más seguridad al moverse y menos miedo a la actividad física. Además, el ejercicio favorece la liberación de endorfinas, lo que puede mejorar el estado de ánimo y el bienestar general.

Es importante diferenciar los síntomas del asma de la respiración normal asociada al esfuerzo. Con la adaptación adecuada, muchas personas con asma pueden entrenar sin que aparezcan molestias.

Actividad física en personas con asma

No existen formas de ejercicio que estén prohibidas de manera general en el asma, pero algunas suelen tolerarse mejor que otras. Actividades con intensidad estable y posibilidad de hacer pausas, como andar, montar en bicicleta, nadar o hacer entrenamientos de fuerza, funcionan bien para muchas personas.

La natación se menciona a menudo como una buena opción, ya que el aire cálido y húmedo resulta más suave y menos irritante para las vías respiratorias. El entrenamiento de fuerza también puede ser una alternativa adecuada, ya que la carga se puede ajustar y la respiración se mantiene a un ritmo más controlado.

El entrenamiento interválico de alta intensidad y la carrera pueden funcionar para algunas personas, pero suelen requerir un calentamiento más cuidadoso y una adaptación individual. En actividades más exigentes, la medicación adecuada puede ser clave para controlar los síntomas y mantener las vías respiratorias abiertas.

Riesgos del ejercicio en el asma

El principal riesgo al entrenar con asma es que los síntomas no estén bien controlados. Hacer ejercicio durante un episodio, una infección o sin un tratamiento eficaz puede provocar una falta de aire intensa, tos o respiración sibilante. Muchas personas presentan broncoconstricción asociada al esfuerzo, sobre todo cuando el asma no está bien tratada.

Por eso es importante:

  • reconocer los síntomas iniciales
  • interrumpir el ejercicio ante una dificultad respiratoria clara
  • contar con un plan de tratamiento actualizado

Si aparece una falta de aire inusual durante el ejercicio, es importante buscar valoración médica para recibir el tratamiento adecuado.

El ejercicio nunca debe realizarse a costa de la seguridad. La incertidumbre sobre los síntomas o las molestias recurrentes durante la actividad física siempre deben comentarse con un profesional sanitario.

También se recomienda tener siempre disponible una medicación broncodilatadora de acción rápida durante el entrenamiento.

Calentamiento y adaptación, claves para un ejercicio seguro

Calentar antes de la actividad física es fundamental para reducir el riesgo de problemas respiratorios y mejorar el flujo de aire, especialmente en el asma. Un calentamiento adecuado, con un aumento progresivo de la intensidad, puede disminuir el riesgo de síntomas inducidos por el ejercicio. El aire frío puede resecar las vías respiratorias y aumentar la probabilidad de que los bronquios se contraigan, lo que puede empeorar los síntomas del asma. La vuelta a la calma después del entrenamiento también es importante para evitar molestias tardías.

El entrenamiento debe adaptarse al estado del día. Los síntomas del asma pueden variar y es totalmente válido ajustar la intensidad, la duración o el tipo de actividad según cómo se sienta el cuerpo. Escuchar las señales corporales y adaptar el ejercicio en consecuencia es clave.

Consulta siempre con tu médico antes de iniciar un nuevo programa de entrenamiento si tienes asma.

Asma, ejercicio y salud a largo plazo

La actividad física regular se asocia a una mejor salud general, tengas asma o no. En personas con asma, el ejercicio mejora la capacidad física y la calidad de vida, y puede aumentar la confianza en el movimiento.

También es importante recordar que no es necesario entrenar con alta intensidad para obtener beneficios. El movimiento diario, los paseos y el ejercicio suave son partes valiosas de un estilo de vida activo.

En Yazen, la actividad física se entiende como parte de un enfoque integral del tratamiento, donde el ejercicio se adapta a las condiciones, los síntomas y la situación vital de cada persona. El foco está en la seguridad, la continuidad y los hábitos sostenibles, más que en el rendimiento o los resultados a corto plazo. El objetivo es que la actividad física resulte posible, segura y significativa a largo plazo.

Resumen

El asma no tiene por qué ser un obstáculo para la actividad física. Con el tratamiento adecuado, un buen control de los síntomas y una adaptación individual del ejercicio, la mayoría de las personas con asma pueden mantenerse activas de forma segura. El entrenamiento regular puede contribuir a mejorar la condición física, la confianza en el propio cuerpo y la calidad de vida. Lo más importante es escuchar las señales del cuerpo, adaptar la intensidad y el tipo de ejercicio al estado del día y contar con apoyo sanitario cuando sea necesario. De este modo, la actividad física puede convertirse en una parte natural y sostenible de una vida activa y saludable.

Artículo revisado por:
January 26, 2026
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